Archivo de julio de 2010
Las castas en India. Algunas preguntas típicas.
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¿Existen todavía las castas?
Sí, todavía existen las castas. Aunque según la Constitución india está prohibido todo sistema de clasificación de la sociedad en castas, no ha sido posible borrar esta práctica tan arraigada en la sociedad. Es cierto que hoy ya no existen en su forma original, pero de alguna manera las castas bajas siguen existiendo, sobre todo en las zonas más rurales y aisladas del país.
Hoy, por ejemplo, cualquier persona puede ir al ejército o cualquier puede montar su negocio. Uno puede ser de casta brahmin y ser un soldado o policía o ser empresario.
Sin embargo, una persona de casta guerrera puede tener muchos conocimientos religiosos pero nunca podrá ser un sacerdote de templo. Todos los sacerdotes son brahmines… pero todos los brahmines no son sacerdotes.
No obstante, la principal presencia de las castas en la sociedad india actual es en el estigma que producen.
¿Casta y clases son diferentes?
Sí. Existen las castas y las clases sociales. Uno puede ser de casta alta pero de clase baja, o de casta baja pero de clase alta… aunque de este segundo ejemplo hay muy pocos casos, ya que las castas bajas no suelen contar con las mismas oportunidades.
Por ejemplo, un sacerdote es de casta alta sea pobre o rico… mientras que el dueño de una importante fábrica de zapatos (clase alta) puede ser de casta baja y de clase alta.
¿Es posible saber la casta de una persona a simple vista?
No. Aunque en el pasado existían códigos para saberlo, en realidad ya no es muy fácil.
En algunos casos por la profesión de la persona se puede saber su casta. Por ejemplo los basureros, los zapateros (que trabajan con cuero y otros materiales considerados impuros), los barberos etc. y todos los que hacen trabajos considerados sucios son de casta baja y cualquier persona no haría este trabajo. Un conductor de un camión de limpieza siempre será de casta baja. Como hemos mencionado, un sacerdote siempre será de casta alta.
En algunos casos el apellido de la persona indica su casta o subcasta. No debemos olvidar que todo esto existe solamente dentro de la sociedad hindú (no en la sikh o musulmana, por ejemplo).
¿Las castas existirán siempre o se podrán erradicar?
Hoy, por ejemplo, hay partidos políticos que representan a las castas más bajas (dalits) y luchan por su causa.
En la vida cotidiana, sobre todo en las zonas urbanas, la casta no interviene demasiado. En una oficina los compañeros trabajan juntos e incluso comen juntos, independientemente de estas “diferencias”. Pero incluso en la sociedad moderna es frecuente que se mire con lupa la cuestión de casta a la hora de casarse.
Teniendo en cuenta que las castas forman parte de la tradición y la organización de la sociedad desde hace siglos, podríamos decir que este sistema es imposible de erradicar de la sociedad.
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Sobre el autor:
Amarjeet Singh es Coordinador de viaje y guía personal para Sociedad Geográfica de las Indias. Licenciado en Filología Hispánica, es amante de España y la cultura hispánica y un gran humanista interesado en el encuentro entre culturas. Para más información: [Quiénes somos]
Las castas en India
Las clases sociales existen en todos los países, pero en la India además de las clases sociales existen las castas. Este sistema surge y se desarrolla básicamente dentro de la religión hindú, aunque se ve su influencia en las otras religiones cercanas al hinduismo.
· Varna: color de la piel, clasificación social.
Fueron los portugueses quienes utilizaron el término ‘casta’ para referirse al particular sistema de organización social que descubrieron en la India. La palabra en sánscrito para este sistema era ‘Varna’. La palabra Varna tiene dos posibles traducciones o significados.
Por una parte, Varna significa ‘color’. En este caso se refiere al color de la piel. Según algunos esta descriminación comenzó con la llegada de los arios (probablemente en el año 1.700 antes de Cristo). Los primeros arios que llegaron al Valle de Indo eran muy blancos, como los europeos, mientras que los drávidas que ya vivían en la zona del Indo (Pakistán actual) eran muy morenos.
Como consecuencia de la llegada de los arios, los drávidas fueron expulsados hacia el sur de la India. Por eso hoy la gente del sur son en general morenos y los del norte no tanto. Son las dos “razas” principales en la India. Incluso los idiomas del norte son de origen sánscrito mientras los del sur son de origen drávida. Un Indio del norte por, ejemplo de Uttar Pradesh que habla hindi, no entiende ni puede leer idiomas del sur como tamil, kannada etc.
La palabra Varna también significa ‘clasificar’ o dividir en partes. La sociedad fue dividida en cuatro secciones atendiendo al trabajo. En un principio eran clases y no castas; uno podia elegir su trabajo según su interés. Pero más tarde, cuando el sistema se hizo rígido y uno tenía que hacer el trabajo que hacía su padre, se convirtieron en “castas”.
La casta no cambia, es hereditaria. En aquel momento querían imponer cierta disciplina en la sociedad y asignar a cada uno su lugar según su capacidad. Se partía del principio de que cualquier persona no puede hacer cualquier trabajo. Querían asignar a cada uno su lugar en la sociedad.
· Brahmines, guerreros, comerciantes y trabajadores.
1. Uno de los trabajos que siempre ha sido importante era la educación. La educación básicamente consistía en leer e interpretar los textos sagrados, escritos en sánscrito, el idioma clásico que las masas de la sociedad no podían leer y entender. Era un idioma difícil que se requería un alto nivel intelectual para aprenderlo. Así se creó una sección de la sociedad para quienes sabían leer el sánscrito. Formaban la primera casta o la casta brahmín y eran los responsables de pensar, interpretar la realidad, dar consejo…
Ocupaban una posición superior en la sociedad y se consideraban ser los más cercanos a Dios. Eran respetados y gozaban de muchos privilegios.
2. El segundo trabajo importante que tampoco puede hacerlo cualquiera era la administración de la sociedad y el Estado. Los administradores (los reyes y gobernantes) formaban la segunda casta khatriya o la casta guerrera. Este trabajo supone una serie de habilidades y responsabilidades, como defender al estado o protegerlo o impartir justicia, algo en manos de unos pocos.
3. El tercer trabajo era el comercio. Cualquier persona no es capaz de hacer negocios, se requiere una mente comercial. Así, los comerciantes formaban la tercera casta o la casta “viasya” o “vaishya”. También se consideraba viasyas a los terratenientes y propietarios y personas con la responsabilidad de “producir” en general.
4. La cuarta casta era la clase trabajadora como los agricultores, campesinos, los artesanos etc. también llamados “sudras”. Forman la inmensa mayoría de la población.
Pero existía una sección de la sociedad que era la más marginada y ni siquiera formaba parte del sistema. Eran quienes hacían los trabajos sucios o impuros. Incluso se consideraban físicamente impuros y no les estaba permitido mezclarse con las demás castas. Eran los parias, los intocables. Quienes trabajaban en los crematorios, quienes recogían la basura… Incluso los barberos eran de esta categoría. Fue a este grupo social a quien Gandhi llamó ‘harijans’ o los hijos de Dios.
Desarrollo, evolución y subcastas.
Se dice que el sistema derivó de “clases sociales” a “castas” por dos posibles motivos:
a) Uno por interés de los brahmines: como eran los dominantes, quería mantener su influencia sobre los demás. Así, formularon una teoría divina de las castas para mostrar que el Dios mismo ha creado las castas y que uno debe aceptarlo como su destino para toda la vida. Era claramente para que las castas bajas no se rebelen.
Según los dogmas hindúes, los brahmines han isdo creados de la boca de Dios, lo que simboliza hablar, predicar. Los khatriyas fueron creados de los brazos de Dios, lo que se asocian con la fuerza. Los vaishyas originaron de las piernas lo que simboliza caminar, hacer comercio con otras regiones, etc. Y las castas inferiores originaron de los pies de Dios, lo que se considera la parte más inferior y sucia del cuerpo.
b) Según otra opinión, el sistema se hizo rígido automáticamente. Por ejemplo, para el hijo de un comerciante, que ha crecido en ambiente comercial, es más fácil seguir con la profesión de su padre en lugar de buscar otras avenidas. Asímismo, el hijo del rey era el futuro rey, el hijo del carpintero era carpintero y el hijo del intocable era intocable.
Poco a poco las castas fueron divididas en subcastas y se encontraron múltiples formas para diferenciarlas e identificarlas (por la forma de vestir, por ejemplo). Un brahmin que dominaba más textos y conocimientos era superior al brahmin que tenía menos. El sacerdote de rey era superior al sacerdote del templo del pueblo. El Maharaja era superior al Raja quien a su vez era superior al jefe feudal. El barbero del rey era superior al barbero del pueblo. Y así el sistema continuó a través de los siglos, evolucionando y generando un sistema social que, en parte, contribuyó a la formación de nuevas religiones como el Budismo o el Sikhismo.
> Continúa: Algunas preguntas típicas sobre las castas en India >
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Sobre el autor:
Amarjeet Singh es Coordinador de viaje y guía personal para Sociedad Geográfica de las Indias. Licenciado en Filología Hispánica, es amante de España y la cultura hispánica y un gran humanista interesado en el encuentro entre culturas. Para más información: [Quiénes somos]
La rupia india ya tiene símbolo
India ya presume de tener un símbolo identificativo de su moneda, la rupia, lo que la equipara a algunas de las monedas más reconocidas a nivel internacional, como el euro (€), el dólar ($), el yen (¥) o la libra (£).
La moneda india se identificaba a veces con las siglas INR (Indian Rupee) y otras con la abreviación Rs (Rupees). A partir de ahora será representado con un símbolo que aúna la letra “R” del alfabeto latino con la letra “Ra” de la escritura devanagari:

El proceso comenzó hace algo más de un año, cuando el Ministerio de Finanzas indio determinó que contar con un símbolo identificativo o una imagen internacionalmente reconocida de su moneda sería muy conveniente para su país y contribuiría a ganar mayor peso en los mercados.
Para dedicir cuál sería ese símbolo se convocó un concurso público al que se presentaron más de 3.000 propuestas.
El símbolo ganador, diseñado por un licenciado en Tecnologías de la Información (Udaya Kumar), ha sido premiado con 5.000 dólares. Una cifra casi insignificante si lo comparamos con los costes que conllevará implementar este nuevo símbolo en el intrincado sistema económico y financiero indio, incluyendo todos los sistemas informáticos, lo que se calcula que supondrá unos dos años.
> Consulta la cotización de la rupia, en tiempo real.
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Sobre el autor:
David Martín es Responsable de Comunicación y Community Manager de Sociedad Geográfica de las Indias. Como responsable editorial, intenta acercarnos a India un poco más cada día. Para más información: [Quiénes somos]
Una noche en el Taj Lake Palace, de Udaipur: un sueño oriental
Atravesamos la ciudad en fiestas, llena de colorido, hasta llegar a las primeras instalaciones del hotel: un precioso embarcadero, con templetes y arcos de hierro forjado y muebles de mimbre, donde unos amabilísimos empleados nos recibieron ofreciéndonos unos zumos de fruta y toallitas húmedas para refrescarnos. Hacía mucho calor aunque había empezado a llover, y el amable refrigerio nos vino estupendamente.
Abordamos la barca, con su bonito toldo que nos protegió de la lluvia, y atravesamos el gran lago de Udaipur, el lago Pichola, hasta su centro, donde está situado el hotel Taj Lake Palace, nuestro destino.
Una recepción digna de “maharanas”.
Este es hoy el espléndido Palacio del Lago, que se consideraba la residencia de verano de los maharanas. Los gobernantes de Udaipur se llaman maharanas, que quiere decir “gran guerrero” (maharaja significa “gran rey”) debido a su carácter luchador e independiente.
Frente al hotel, a orillas del lago, se alza orgulloso y espléndido el Palacio de la Ciudad o también llamado City Palace o Palacio del Maharana, una amplísima y espectacular construcción que se llevó a cabo en unos dos siglos.
Desembarcamos en la escalinata exterior y accedimos al hotel, el espléndido Jag Niwas o Palacio del Lago, que ocupa por completo la superficie de una isla en el centro del lago, por lo que parece un palacio flotante.
Construído en 1746, su entrada está flanqueada por dos elefantes de mármol negro, en contraste con el palacio, casi todo él en mármol blanco.
Tras recibir el saludo de los amabilísimos empleados de la recepción, deambulamos por el enorme vestíbulo admirando los innumerables detalles de la suntuosa decoración, hasta que llegó el momento de instalarnos en nuestras habitaciones.
La que compartíamos Isa y yo constaba de un pequeño vestíbulo con un armario de madera oscura en el que se abría la puerta acristalada del baño, espacioso y sencillo aunque abundante en detalles exquisitos.
Una habitación de ensueño.
En cuanto a la habitación, tenía dos camas con mesillas, el tradicional banco para las maletas en madera oscura, una maciza cómoda con cajones sobre la que se asentaba un gran televisor de plasma; una mesa escritorio con trabajo de taracea y una silla tapizada con la madera igualmente decorada.
Junto a una de las camas, bajo el ventanal que dejaba ver la belleza iluminada del Palacio de la Ciudad, una chaise-longue con reposapiés extraordinariamente cómoda.
La habitación se prolongaba en un pequeño saloncito con una mesita y dos sillones; sobre la mesa, el periódico local de Udaipur, un jarrón con flores y la acostumbrada bandeja con frutas, servilletas y cubiertos.
El saloncito hacía un ángulo que, en el lado derecho, ostentaba un ventanal con hermosos arcos lobulados y en el izquierdo un gran diván con cojines que corría a todo lo largo de la pared. Un delicado labrado con motivos florales sobre el diván completaba la exquisita decoración.
Por supuesto toallas, albornoces, zapatillas y batas eran de excelente calidad y todo invitaba a instalarse confortablemente. Nos duchamos, nos cambiamos de ropa y cuando nos disponíamos a dar una vuelta por el hotel nos llamó mi hija, diciéndonos que bajáramos a su habitación, en el primer piso.
Lo hicimos, y lo primero que nos sorprendió fue ver que no se abría, como las demás, al pasillo, sino que se accedía a ella desde un pequeño vestíbulo en el que destacaban dos grandes figuras de madera policromada, muy modernas y estilizadas, de un hombre y una mujer ataviados con los trajes nacionales.
En el vestíbulo había un balancín con cadenas de bronce, en el que me mecí un poco antes de llamar a la puerta y encontrarme ante un espectáculo de Las Mil y Una Noches: una lujosa suite en la que habría cabido un piso de razonables dimensiones.
Sólo el cuarto de baño ocupaba casi el espacio de un pequeño apartamento, con la gran ducha de hidromasaje, la bañera asentada sobre macizas patas, el amplio lavabo doble con sus hermosos espejos… El mármol y los numerosos detalles suntuosos completaban la impresión de lujo y refinamiento de la pieza.
De verdad se habría podido organizar en esta habitación un pequeño baile. Al fondo, la enorme cama de madera oscura con columnas labradas, las magníficas mesillas y unos espejos de cristal color ámbar de marcos bellamente decorados y con hermosos apliques de luz.
En el otro extremo, frente a la cama, un gran tresillo de rica tapicería y una mesa de salón con flores, prensa, frutas, una botella de vino. En un lateral, una inmensa cómoda tallada sobre la que se asentaba el televisor –por supuesto de plasma y de veinticinco pulgadas-.
Y en el gran espacio entre la zona de dormitorio y la de salón, un balancín mucho más grande que el del vestíbulo, con hermosa tapicería roja y unas columnas de bronce exquisitamente labrado, que me dejaron boquiabierta.
Al otro lateral se abría un salón algo más grande que el de nuestra habitación, con las paredes suntuosamente decoradas y un magnífico sofá en la pared del fondo.
Y los hermosos ventanales con columnas a lo largo de la pared…
Realmente, un sueño oriental.
Cuando llegamos ya estaban Lalit (nuestro guía personal) y un grupo de los nuestros, y pasamos un buen rato charlando y haciéndonos fotos. Cuando llegó la hora de cenar, yo preferí limitarme a una manzanilla y retirarme a descansar y a disfrutar de la belleza nocturna e iluminada del lago y del Palacio de la Ciudad desde la confortable cama de la habitación.
Se estaba tan bien contemplando el singular espectáculo, entre el suave tacto del edredón , en el ambiente acogedor con la semipenumbra de las luces bajas, que el tiempo se me hizo cortísimo y casi me asombré cuando llegó Isa para compartir un rato de charla antes de entregarnos a un descanso que los días de viaje, tan colmados de descubrimientos, hacían merecido y necesario.
A la mañana siguiente hubiéramos debido, quizá, dedicarnos a conocer un poco Udaipur, ir al Jardín de las Doncellas (que sólo vimos de pasada desde el coche) y a otros lugares de esta hermosa ciudad que merece el título de “Ciudad del Amanecer”, amurallada y edificada a orillas de azules lagos en un valle circundado por las frondosas colinas Aravali.
La propuesta merecía en verdad la pena, pero entre que llovía, que arrastrábamos ya el cansancio del viaje y sobre todo que el Palacio del Lago es también una joya de Udaipur, decidimos quedarnos hasta las doce o doce y media, en que debíamos dejar libres las habitaciones, y, tras desayunar, dedicarnos a recorrer el hotel.
Así que nos lanzamos al descubrimiento de sus innumerables bellezas: su gran patio interior, rodeado por una doble galería de arcos; el estanque central, la variedad de árboles y flores; los quioscos y terrazas rematadas por cúpulas, las fuentes que acompañaban nuestro paseo con su eterno susurro de agua…
La piscina, un espacio precioso e invitador del que ¡otra vez! la lluvia nos impidió disfrutar.
Llegó la hora de abandonar aquel lugar de ensueño, el romántico palacio en mitad del lago, y volvimos a embarcar para regresar al precioso embarcadero y desde allí comenzar nuestro paseo por la ciudad, la joya del reino de Mewar, que fue gobernada por la dinastía Sisodia hasta que en 1559 la conquistó el maharana Udai Singh, al que debe su nombre.
Y la ciudad, desde luego, no nos defraudó. Pero ésa ya es otra historia.
Fotos: Taj Hotels.
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Sobre la autora:
Isabel Rodríguez es colaboradora de Sociedad Geográfica de las Indias. Le apasiona viajar y entre sus experiencias el viaje a India se cuenta entre las más impactantes y fascinadoras. Para más información: [Quiénes somos]
Los sadhus
A diferencia de otras culturas, en India se ha prestado especial atención y veneración a aquellas personas que dedican su vida al conocimiento y la contemplación.
Aquí, en India, son dignos de elogio aquellos y aquellas que son capaces de dejarlo todo para dedicarse en cuerpo y alma a perseguir lo divino, lo eterno, lo perfecto. Por eso los sadhus son tan respetados y admirados.
Desde el origen, el hinduísmo se propagó a través de sus “monjes” errantes, a diferencia de otras religiones estructuradas o poseedoras de iglesias, monasterios, etc. Precisamente este nomadismo y esta falta de organización o estructura fue uno de los elementos que permitió asegurar su permanencia en momentos de invasiones hostiles externas.
Hoy, como norma general, los sadhus dedican su vida a los rituales, la meditación y al yoga. Suelen ser nómadas y peregrinos que van recorriendo el país en busca de lugares sagrados y festivales, y rara vez se establecen mucho tiempo en un mismo sitio. Son vegetarianos estrictos, no beben alcohol, practican la castidad y la renuncia a cualquier tipo de placer material. Son ascetas en el pleno sentido de la palabra y se han despojado de todo lo que tenían, incluyendo su familia, condiciones de casta, etc.
Aunque es muy difícil saberlo, se calculan unos 10 millones de sadhus en todo el país: la inmensa mayoría son hombres.
Hay distintas doctrinas y órdenes, según la divinidad que centre su atención y otras costumbres. Algunos de los “tipos” de sadhus son:
Nagas. Suelen tener un aspecto agresivo e imponente. Destacan por su aspecto robusto, por ir prácticamente desnudos (eso significa “naga”) y sus barbas y melenas enmarañadas. También se suelen cubrir de cenizas, como símbolo sagrado de la muerte y la resurrección. En origen eran guerreros que defendían a los hindúes de la invasión musulmana.
Dandis. Son de origen brahman y grandes sabios. Se dedican a la meditación y conocen muy bien las escrituras. Suelen ir ataviados de un “danda”, un cayado de bambú del que no pueden separarse.
Aghoris. A diferencia del resto de órdenes sadhus, los aghoris no evitan el contacto con todo lo considerado impuro, sino que lo han convertido en su razón de ser: restos humanos, drogas… Se dice que practican el canibalismo y la magia negra, de hecho es habitual verles con calaveras humanas como recipientes para comer o beber.
Los principios rectores para un sadhu son la renuncia y la disciplina. Han sacrificado toda su vida material, su familia, los placeres de la vida, para dedicarse por completo a la práctica de lo sagrado: el yoga y el control de su propio cuerpo, la meditación, rituales de distinto tipo, penitencias (en algunos casos de lo más excéntrico)…
Por eso el verdadero sadhu es considerado un hombre santo y despierta todo el respeto y la admiración en India, lo que permite que puedan vivir de la limosna.
No obstante, hay excepciones. A veces no son más que vagabundos o personas que malviven en la calle… y en algún caso es posible encontrar a quien encubre otro tipo de propósitos o prácticas bajo la apariencia de “sadhu”, como disfrazarse de atracción turística para conseguir unas rupias.
Podría decirse que a veces encontramos sadhus más expertos en el control del cuerpo y la voluntad ajenas que de las propias.
Así que ante la duda, como norma general, no te fíes de un sadhu que lleve móvil o unas deportivas de marca ;·)
Os recomendamos esta presentación preparada por nuestro compañero y coordinador de viajes Amarjeet Singh:
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Sobre el autor:
David Martín es Responsable de Comunicación y Community Manager de Sociedad Geográfica de las Indias. Como responsable editorial, intenta acercarnos a India un poco más cada día. Para más información: [Quiénes somos]
Mi viaje con Sociedad Geográfica de las Indias
Por: Inmaculada Silla
Apenas han pasado diez días desde que regresé de la India, ese país de tan grandes contrastes y sorpresas.
Ha sido una gran experiencia. Un viaje maravilloso, donde se ha cuidado al máximo hasta el mas mínimo detalle.

Grupo de Inmaculada
Sociedad Geográfica de las Indias ha hecho que se haya convertido en el mejor viaje de mi vida. Todo ha sido perfecto desde que salimos de Valencia hasta nuestro regreso.
Tuvimos el mismo guía durante todo nuestro viaje, lo cual fue fabuloso. Una persona con unos conocimientos incuestionables en cuanto a lo que su trabajo corresponde. Puntual, servicial y muy discreto. La flexibilidad para decidir en cada momento ha sido relevante en nuestro viaje. Esa flexibilidad de la que no puedes disponer con ningún gran touroperador
Nuestro chofer y su ayudante, muy agradables y eficientes y el vehículo impecable.
Hemos seguido los consejos que Sociedad Geográfica nos recomendó y hemos llevado a cabo las actividades que nos propusieron y el viaje se ha convertido en toda una aventura.
Desde la visita al templo de los sikhs en Delhi (toda una experiencia la visita a la cocina-comedor), pasando por Benarés y la Casa de las Viudas, un concierto de música con instrumentos indios (sitar y tabla) en casa de los propios músicos, la subida al Fuerte Amber en elefante y la visita a algunas familias de diferentes estratos sociales. La excursión desde Jodhpur hasta Rohet para adentrarnos en jeep hacia el desierto y visitar a los bishnoi, un curioso pueblo que viven en cabañas redondas cubiertas de tejados de paja. Fue una experiencia donde me sentí transportada incluso a otro continente. Fue la sensación de estar en Africa. ¡¡Y como no!! El masaje ayurvédico en uno de los mejores hoteles en la India, con vistas al Taj Mahal. ¡¡Fue mágico!!
Todo esto acompañado además de las visitas que cualquier touroperador ofrece a sus clientes.
El plato fuerte llegó en Bombay con la visita a los muelles y la descarga del pescado. Muy interesante, pero no apto para estómagos sensibles.
En general los hoteles en los que nos hemos alojado han sido mágnificos con un servicio exquisito. El Imperial de Delhi, muy lujoso. El Lake Palace de Udaipur, en un enclave de ensueño y el servicio perfecto. El Oberoi Amarvilas de Agra es soberbio y el Rambagh Palace de Jaipur, un sueño.
Os recomiendo una comida en el restaurante de este hotel “Survana Mahal”. Merece la pena.
Tampoco os perdáis una cena en el jardín del Umaid Bhawan en Jodhpur. ¡¡Es espectacular!!
En cuanto a los desplazamientos os diré que Air France como siempre. Impecable. Las compañias aéreas dentro de la India me han sorprendido positivamente, con una flota totalmente nueva y una puntualidad extrema (quizás haya sido mera casualidad viendo como funcionan las cosas allí). Tuve que tomar tres vuelos y ni un solo retraso.
Los trayectos en tren no fueron todo lo bueno que uno espera, cuando se viaja en 1ª A/C. El de Jhansi a Agra bastante bien y con buen servicio de catering a bordo. El de Jaipur a Jodhpur ya no fue lo mismo, pero la experiencia también valió la pena.
En cuanto a los trayectos por carretera solo os podréis hacer una idea si vais allí. ¡Es de locos! Pero con un conductor experimentado como el nuestro ¡al fin del mundo! Se metió por lugares donde yo jamás hubiera sido capaz de meterme y sin problemas.
La India es como os decía al principio “contrastes y sorpresas” que bien vale la pena vivir. Antes de organizar este “mi gran viaje”, consulté varias agencias y Sociedad Geográfica me pareció la mas seria. Hoy, después de regresar os puedo asegurar que es la mejor con diferencia. Sociedad Geográfica no preparó un viaje y se desentendió de sus clientes, sino que ha mantenido un contacto permanente con nosotros desde la partida hasta el regreso. Solo puedo decir que les recomendaría a cualquier persona que quiera visitar la India.
Por último dar las gracias a Pablo y a David porque todo ha salido a las mil maravillas. Son auténticos profesionales que han hecho que se superaran mis expectativas y las del resto de mis acompañantes. Repetiría mi viaje con ellos, han respetado todo lo pactado y mucho más.
¡Animaos! La India es un país que no deja indiferente.
*Sociedad Geográfica de las Indias cuenta con la autorización de Inmaculada para la publicación de su carta de agradecimiento.
>> Pulsa aquí para leer opiniones y referencias de otros viajes de clientes Sociedad Geográfica de las Indias.
Oficios imposibles
Cuando se llega a India, se pierden muchos de los referentes culturales y sociales que manejamos en Europa.
Muestra de ello son las costumbres indias, la tradición, y su apasionante mezcla con la “modernidad occidental” que se produce en estos días.
Y una sociedad diferente tiene diferentes necesidades. En un país de más de 1.200 millones de habitantes podemos encontrar profesionales que ocupan tareas diferentes, especializadas, inverosímiles y a veces extrañas a nuestros ojos…
Os invitamos a un viaje fotográfico por India desde algunos de sus oficios más imposibles:
Haz click sobre la foto para visitar la galería,
o haz click aquí para verlo en una presentación.
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Sobre el autor:
Pablo Pascual es Director de Sociedad Geográfica de las Indias. Gran conocedor de India, Pablo se obstinó en ofrecer lo que a él le gustaría encontrar en el sector de agencias de viajes tradicionales: especialistas por destino con un solo propósito, la calidad. Para más información: [Quiénes somos]














