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Gulabi Gang, el ejército de los saris rosas

En marzo de 2006 nacía, con apenas 25 soldados, “el ejército de los saris rosas”. Una banda compuesta por mujeres humildes, de entre 40 y 60 años, dispuestas a plantar cara a la hegemonía masculina.

Guerrera del sari rosa

Muchas de ellas eran viudas, obligadas a guardar el luto de por vida, y casi todas pobres y sin derecho a la alfabetización por el simple hecho de ser mujer. Su cabecilla, una campesina india de Uttar Pradesh llamada Sampat Devi Pal, les enseñó a decir “basta” predicando con el ejemplo.

Sampat tuvo que pelear con sus padres por ir al colegio, con sus suegros por que el velo no le cubriera la cara y con su marido por salir de casa.

Nuestra sociedad está dominada por los hombres. Las mujeres debemos recibir educación y también trabajo. Eso solucionaría todos nuestros problemas, eran las verdades como puños que Sampat lanzaba a los cuatro vientos a la espera de que alguien recogiese el testigo.

Y esas mujeres discriminadas por partida doble (género y casta), como la inmensa mayoría en India, lo hicieron y descubrieron su fuerza siguiendo el ejemplo de una mujer que sufría y padecía sus mismas limitaciones. El ejercito de los saris rosas creció y hoy roza las 100.000 reclutas.
Han evitado matrimonios infantiles, han obligado a la policía a registrar casos de violación, a los funcionarios a entregar ayudas y pensiones sin sobornos y han hecho entender a los maridos, aunque haya sido a base de lathi (palo intimidatorio de bambú que usa la policía en India), que no deben pegar palizas a sus esposas. Pero, además, han conseguido que también algunos hombres formen parte de su ejército. Y eso, señores, es un grandísimo logro.

El libro.
<< Sampat Pal, una mujer de casta baja del norte de la India, se rebela contra su sociedad y se toma la justicia por su mano para poder ayudar a todos los que se encuentran en condiciones desfavorables, especialmente a las mujeres. Con este objetivo crea una banda llamada Gulabi Gang, el ejército de los saris rosas.

Sampat Pal no debía haber ido a la escuela. En su aldea del norte de la India, ése era un privilegio reservado a los varones. Sin embargo, consiguió aprender a leer y a escribir y, al ver la injusticia con la que eran tratados los pobres y las mujeres tanto por las castas superiores como por las autoridades del Estado, decidió decir «no» a la ley de los hombres. En lugar de cruzarse de brazos, organizó el ejército más extraordinario de la historia de la India. Un ejército de mujeres, vestidas con saris rosas y armadas con bastones, dispuestas a defender a los desamparados y a exigir justicia allí donde fuese necesario. Es el ejército de los saris rosas y ésta es la historia de su legendaria fundadora. >>

El ejército de los saris rosas” de Sampat Pal está publicado en España por la editorial Planeta (2009)

El ejército de los saris rosas. Editorial Planeta.

Sampat Pal (1947) vive actualmente en el distrito de Banda del estado de Uttar Pradesh, en el norte de la India. Banda está en el corazón del Bundelkhand, una de las partes más densamente pobladas y más pobres de todo el subcontinente.

Más información: www.gulabigang.org


Sobre la autora:
NonaNona Rubio es colaboradora de Sociedad Geográfica de las Indias. Le apasiona viajar y nos cuenta historias que hablan de un país inabarcable con el que hay que ser paciente si lo que pretendemos es conocerlo por dentro. Para más información: [Quiénes somos]

¿Quién es Sathya Sai Baba?

Sathya Sai BabaBhagavan Sri Sathya Sai Baba nació el 23 de noviembre de 1926 en Puttaparthi, una aldea en el distrito de Anantapur, en una humilde familia de campesinos.

Según se cuenta, desde niño destacó entre los demás por su sabiduría y con sólo 14 años, tras un extraño coma, decidió dejarlo todo para dedicarse enteramente a la persecución y la enseñanza de la verdad, la rectitud, el servicio a los demás. Se proclamó la reencarnación del santo hindú Sai Baba de Shirdi y “avatar” para nuestra era. Eso viene a ser una especie de encarnación divina enviada a la Tierra para favorecer la renovación espiritual de todos los habitantes.

Sai Baba predijo que tomaría su cuerpo y forma humanos hasta 2019. Desde 2005, con la salud muy deteriorada, suele moverse en una silla de ruedas.

Enseñanzas.
“Dios es uno, pero se usan muchos nombres para hablar acerca de esta Realidad Absoluta”. Sai Baba.

En sus enseñanzas, Sai Baba presta especial atención a la manifestación de Dios en todas las cosas y en todos los aspectos de la vida. Sus devotos lo veneran principalmente porque su discurso se suele orientar a ser mejores personas y ser respetuosos con cualquier credo y manifestación divina. De hecho suele insistir en que nunca ha buscado iniciar una nueva religión sino “perfeccionarlas”; contribuir a que cada uno siga con su religión, transformándose en mejores cristianos, judíos, musulmanes, budistas, etc.
Son de destacar sus 10 principios para la integración de la comunidad mundial.

Actualmente su doctrina se practica y se ofrece en 3 ashrams: Prashanti Nilayam (“La morada de la paz suprema”) ubicado en su aldea natal, otro en Kodaikanal y otro en Withefield. Estos lugares, además de dedicados a la meditación y la práctica de fe según Sai Baba, son también centros comunitarios y culturales desde los que se realizan obras sociales y filantrópicas de apoyo a la comunidad local.
Sathya Sai Baba también es famoso por sus supuestas curaciones, levitaciones, adivinaciones y otros milagros.

A pesar de no haber salido de India (sólo lo hizo una vez, a Uganda), es uno de los líderes espirituales más conocidos en el mundo occidental, especialmente a partir de la “explosión espiritual” de los años 60.
Se calculan unos 1.200 Centros Sai Baba en todo el mundo, en más de 100 países y con más de 10 millones de seguidores.

Críticas y controversia.
Al margen de las críticas suscitadas por sus propias manifestaciones asegurando ser el avatar y la reencarnación del dios Shiva y de la diosa Shakti; desde hace 30 años, Sai Baba ha estado rodeado de denuncias de fraude, abuso sexual o delitos financieros.
En ocasiones han sido algunos de sus propios seguidores quienes las han fundamentado, en entrevistas a distintos medios de comunicación o protagonizando algunos reportajes y documentales en televisión.
Principalmente se le acusa de apropiarse del dinero de sus seguidores y de utilizar supuestos ritos espirituales para abusar sexualmente de sus acólitos, incluyendo pederastia, utilizando su poder, su influencia o la confianza depositada en su persona.

- Para más información y debate sobre el tema: Wikipedia y Saiguru.net.
- Página oficial del Sathya Sai Baba: http://www.saibabaofindia.com/


Sobre el autor:
DavidDavid Martín es colaborador de Sociedad Geográfica de las Indias. Fascinado por India, sus gentes y su diversidad, David colabora con Sociedad Geográfica de las Indias desde 2008, haciéndolo compatible con su trabajo en organizaciones como Unicef o Amnistía Internacional. Con nosotros ha dirigido la estrategia de comunicación y redes sociales hasta 2011 y actualmente colabora aportando una visión humana, transformadora y comprometida, asegurando que un viaje exclusivo y de alta calidad sea compatible con una experiencia enfocada al descubrimiento y el respeto por las personas y las costumbres locales. Para más información: [Quiénes somos]

Conociendo a Dilip Metha y su documental ‘The Forgotten Woman’

En India es dificil encontrar a alguien que no conozca a los Metha. Es como intentar encontrar en España a Penélope Cruz y Javier Barden… La única diferencia es que su relación no es simplemente de amor, sino de sangre.

Dilip y Deepa Metha son hermanos que no sólo comparten familia, sino trabajo y lo que es más… ideales.

Deepa Metha es una de las directoras de cine con mas renombre en la India y prueba de ello son los premios y galardones obtenidos tanto dentro como fuera de su país por películas como la maravillosa trilogía Tierra‘, ‘Fuego‘ y ‘Agua‘. Películas hechas para remover el alma y los sentidos.
Dilip es su hermano y compañero de aventuras arriesgadas, y  también su director de fotografía y productor.
Juntos trabajan en un maravilloso tandem. Él plasma con la belleza de su fotografía las angustias del alma de su hermana. Ella escribe y produce las imágenes que él lleva en su retina.
Quizás ese sea el secreto de su trabajo: saber mostrar el equilibrio perfecto entre la crudeza hiriente de sus historias y la belleza exultante de su mensaje…
Por eso es imposible quedarse indiferente al ver cualquiera de sus películas, fotografías o documentales.

La noche que mi marido y yo aceptamos la invitación de un amigo para ir a cenar a casa de otro amigo suyo, al que no conocíamos, mis expectativas eran como las de cualquier otra noche: cena tranquila con un grupo pequeño de gente, unas copas y una noche agradable, sin más pretensiones.
Nunca imagine que esa noche sería una de las más impactantes desde que llegué a Delhi, nunca llegué ni siquiera a imaginar que podría estar hablando con Dilip Metha en el salón de su casa…

La casa de Dilip es bonita, pequeña y está escondida entre otras muchas iguales… Su interior, más espacioso de lo que podría parecer desde la calle, denota austeridad y muchas vivencias…
Una vez allí, en la sala central y mientras esperábamos a nuestro anfitrión, yo me distraje mirando las paredes: fotografías de personajes conocidos, cuadros de antepasados indios, figuras de madera, Ganesh, Krishna…, hasta que me sacó de mi abstracción una voz profunda y amable que nos preguntaba en perfecto inglés si queríamos tomar algo… Ahí estaba Dilip Metha delante de nosotros.

Nos fue saludando a los siete amigos uno a uno, a las chicas con dos besos (raro en la India) y a los chicos con un fuerte apretón de manos. Luego empezó una charla distendida y superficial, ahí mismo, todos de pie, diciendo de donde éramos, el tiempo que llevábamos en India, preguntas y respuestas habituales cuando conoces a alguien por primera vez.
Luego su esposa que se unió al grupo con una gran sonrisa, como si fuéramos amigos de toda la vida. ¡Todavía me costaba creer que estaba delante de un director de cine maravilloso y de uno de los mejores fotografos y documentalistas de la India!

Hacia muy poco tiempo que mi marido y yo habíamos visto la trilogía firmada por su hermana, Deepa. Las vimos las tres de un tirón, en una sola noche. Son de esas películas que te dejan sin hablar hasta mucho rato después de pasar los títulos de crédito. Y Dilip, nuestro anfitrión, había sido el asistente de dirección en las tres películas, además del director de fotografía…  La persona capaz de plasmar con imágenes, con luces y sombras, lo mejor y lo peor de la India con una sinceridad aplastante y una belleza abrumadora.

Poco a poco la conversación se fue haciendo más amena y nos fuimos acomodando en un saloncito no muy grande pero sí muy acogedor, lleno de sofás alrededor de una gran pantalla de televisión. A la derecha de la televisión había fotografías inéditas de Michael Jackson, tomadas por Dilip durante una de las muchas estancias que pasó con él en su casa. Le pregunté por ellas y me contestó que eran fotos “personales”, que ése era “el verdadero Michael Jackson”, no el personaje, y que eran las fotos que le permitían  recordar a un amigo tal y como era.

Después Dilip apagó las luces y nos puso el documental “The Forgotten Woman” (“La mujer olvidada”). Dilip se levantó despacio y salió sigilosamente del salón, dejándonos allí a nosotros absortos y sumergidos en el drama real y brutal de las viudas en la India.
No os contaré aquí la belleza y la dureza de sus imágenes, ni la tristeza y la rabia que pueden provocar. Espero que podáis tener la ocasión de verlas vosotros mismos y podáis experimentar en primera persona las contradicciones de esta India tan sorprendente. A continuación, el trailer:

El documental terminó y todos permanecimos a oscuras y en silencio, supongo que cada uno sumergido en sus propios pensamientos y sentimientos.
No recuerdo cuánto tiempo estuvimos así, sólo que de repente Dilip estaba otra vez allí, sentado al lado de la televisión con una gran sonrisa en los labios y mirándonos también en silencio. En ese momento pensé, esta satisfecho con lo que reflejan nuestros rostros: confusión, tristeza, indignación, impotencia…

Inmediatamente empezó a acribillarnos a preguntas sobre qué nos había parecido, qué pensábamos, cómo nos sentíamos… ¡Como si necesitara nuestra opinión para confirmar lo que ya miles de personas habían dicho antes que nosotros, lo que la critica más experta opinaba, lo que confirmaban los premios recibidos en todo el mundo!
Pero, si, increíblemente a Dilip le interesaba nuestra opinión, nuestra perspectiva del problema, nuestras “posibles soluciones”. Supongo que por eso de cuando en cuando le gusta organizar estas proyecciones privadas en su casa, para desafiar a la gente y a él mismo…

La conversación con Dilip y su mujer se prolongó hasta bien entrada la madrugada. Allí fue cuando nos explicó cómo “The Forgotten Woman” había surgido a raíz del rodaje de “Agua”, nos dijo que la situación de las viudas en India era tan impactante, abrumadora e indignante que no podía dejarse allí, en una sola película ambientada en los años 40… Había que mostrar la situación real de todas esas mujeres, unos 20 millones, el equivalente a la población de Canadá, pero hacerlo a día de hoy, sin enmascararlo en el pasado, en el siglo XXI, con todo su realismo, su crudeza y su verdad.

The Forgotten Woman

Foto: Noemi Weis

Quizás sea por eso que Dilip todavía no ha conseguido que nadie de la industria del cine en India quiera comercializar su documental en la gran pantalla. Según el, “no hay interés en ver esa realidad que hoy en día sigue ocurriendo en nuestro país, en nuestras familias. Más bien lo contrario: produce miedo el enfrentarse a los fantasmas, sobre todo cuando estos no son del pasado, sino de hoy mismo”.

Continuamos la velada entre nuestras incansables preguntas, sus inagotables anécdotas del rodaje, nuestra sorpresa y sus risas…
No sé qué me sorprendió mas de aquella noche, si la amabilidad, la humildad y la cercanía de un personaje de la talla de Dilip Metha o si su finísimo sentido del humor, su sincera franqueza  y su confiada esperanza en un cambio con el que lleva soñando décadas y que refleja en sus cientos de fotos y en sus películas.

Esa noche maravillosa en casa de Dilip Metha me permitió, gracias a su documental y a su persona, entender que la situación de las viudas en la India es sólo una de las caras de la moneda, Dilip Metha y otros muchos como él, la otra cara… Y yo me siento profundamente afortunada de poder conocer las dos.

Gracias Dilip Metha por darme la oportunidad de disfrutar de una de mis mejores noches en India y por enseñarme que la autocrítica es la mejor herramienta para la esperanza.

Dabbawallas, tradición y eficiencia

Las estaciones de tren en India no son para pusilánimes, y menos las de las grandes urbes. Inaugurado en 1853, el sistema ferroviario del Mumbai es complejísimo. A primera hora de la mañana el espectáculo está garantizado en todas las estaciones de la gran urbe. Pero son los dabbawallas (literalmente “hombre que lleva una caja cilíndrica con comida”) los pasajeros más numerosos y famosos de los trenes mumbaitís.

Dabbawalla

Foto por: Meena Kadri (Flickr)

Su origen se remonta a la época colonial, pues los británicos, a quienes no solía gustarles la deliciosa y especiada cocina hindú, inventaron un nuevo concepto culinario: el tiffin, almuerzo ligero que combinaba la comida británica más insulsa, con bocados indios. Pese a su origen europeo, el tiffin es hoy genuinamente indio, designando la gran variedad de platos que constituyen el típico almuerzo nacional, así como el recipiente metálico y cilíndrico que los contiene.

Con cerca de 20.000 personas por km², Mumbai es la ciudad más densamente poblada de la India, con un endiablado volumen de tráfico, razón por la que nadie que trabaje en la ciudad puede regresar a casa a almorzar, ya que las distancias son enormes y el transporte caótico. Del ingenio y la necesidad nació el oficio de dabbawalla, pues una gran mayoría de oficinistas, empresarios, profesionales y hombres de negocios prefieren contratar el servicio de elaboración diaria y envío al lugar de trabajo, de sus comidas en tarteras metálicas, antes que tener que salir y pagar en un restaurante.

El concepto es muy simple y genial: dos horas después de que millones de personas lleguen a sus oficinas del centro de Mumbai a las ocho de la mañana, los dabbawallas hacen su aparición. Pero para llegar a este punto, previamente otros dabbawallas han recogido de casas particulares o -como ocurre comúnmente hoy- de las grandes empresas de servicios especializadas en catering, situadas en la amplia zona metropolitana de la ciudad, todos y cada uno de los tiffin a repartir. De ahí, una vez etiquetados y organizados, suben a los trenes (generalmente en vagones destinados específicamente a ellos) y llegan al centro de Mumbai, donde entregan sus pedidos a los dabbawallas locales que los repartirán en cada oficina.

Botes de comida transportados por Dabbawalla

Foto por Meena Kadri (Flickr)

Cada caja de comida, cada tiffin, lleva su código. Así el comerciante de diamantes jainista, vegetariano, comerá sus lentejas sin ajo y cebolla (condimentos prohibidos por su religión); el tendero bengalí amante del pescado, sus gambas con chile; y el ejecutivo gujaratí, que está a dieta, almorzará sus verduras al vapor.
Más tarde, el mismo dabbawalla recogerá de las oficinas las cajas de comida vacías, y se las volverá a llevar al lugar de origen… Y todo sin “tecnología moderna”, salvo la posibilidad de reserva y encargo vía SMS o página web, sin tablas informáticas, sólo con códigos que memorizan y con ágiles músculos con los que transportan las bandejas, tamaño ataúd, llenas de cajas de comida.

Un ejemplo de código sería D9MC3, donde D es la estación de Datar, el punto de origen; 9, Nariman Point -distrito financiero de Mumbai-; MC, Mafatlal Center, y 3, la tercera planta.

Pero lo más sorprendente de este oficio de repartidor -que sirve de ejemplo personificado de ingenio y eficacia económica- es que ha sido admirado por personalidades como el Príncipe Carlos de Inglaterra o por Sir Richard Branson (propietario de VIRGIN), o incluso estudiado por la Escuela Empresarial de Harvard. Además. Y han sido distinguidos por Forbes Global con una puntuación de SEIS SIGMA (es decir: ¡un error por cada seis millones de transacciones!).

Estos hombres, unos cinco mil en total, hacen sus rutas en tren y bicicleta con su distintiva indumentaria -kurtas blancos y gorros estilo Nehru, que les sirve de potente símbolo de identificación en las masificadas estaciones de tren, y cuyo olvido acarrea la imposición de una multa de 25 Rupias- para trasegar, diariamente, unas 200.000 cajas de comida a las oficinas.
La mayoría de ellos son analfabetos, no sabiendo siquiera firmar, y pese a la creciente atención mediática internacional y su experiencia centenaria, cada dabbawalla no cobra más de 5.000 Rupias mensuales (cerca de 81 €).

Dabbawalla en el tren

Foto por Meena Kadri (Flickr)

Los dabbawallas realizan alrededor de cien millones de transacciones al mes, siendo el tiempo total que tardan en recoger los tiffin y repartirlos, de tres horas como máximo. El coste del servicio oscila entre las 250 – 350 Rupias mensuales (entre 4 y 5 €).
Cada dabbawalla sólo libra un día por semana, y son extremadamente disciplinados. A título de ejemplo, el consumo de alcohol durante el servicio conlleva una multa de 1.000 Rupias, al igual que el absentismo laboral injustificado. No existen criterios de selección específicos a la hora de contratar dabbawallas (como religión, sexo o edad), sin embargo, jamás he visto una mujer dabbawalla

Estos hombres son el mejor ejemplo de eficiencia, tradición, genio creativo y adaptación a toda circunstancia y época, personificando lo que India es hoy, y forman parte esencial del paisaje diario de mi frenético Mumbai, lleno de color, olor y sonido.

…Por todo ello sólo os pediría que siempre que os encontréis con un dabbawalla, le sonriáis y admiréis lo que su oficio significa y ha significado a lo largo de décadas.

Dabbawala en Mumbai

Foto por Ayan Khasnabis (Flickr)

Sobre la autora: Belén García-MartínBelén García-Martín viaja cada año a India, casi siempre en solitario, país que ha recorrido de norte a sur, y de este a oeste, para reencontrarse con viejos amigos, hacer otros nuevos, y lo que más le apasiona: sentir, oler, oír, ver, tocar y vivir en hindi… Para más información: [Quiénes somos]

Lalita y yo

Tuve el inmenso honor de conocer a Lalita a finales de agosto de 2007.
Tras casi un mes de agotador viaje por Tamil Nadu, Kerala y gran parte de Karnataka, decidí pasar unos días en Goa para reponer fuerzas antes de regresar a España, a la rutina del trabajo y la vida cotidiana.
La playa de Benaulim, durante el monzón, es un paraíso desierto de turistas, donde uno puede perderse en la naturaleza salvaje y el rugir del Mar Arábigo (de aguas turbias, aparentemente calmas, pero con la furia del viento en sus entrañas).

Paseadores de búfalos en la playa de Benaulim, Goa

… Como me temía, inmediatamente llamé la atención; pues una mujer sola, evidentemente extranjera, sentada en la arena, mirando al infinito, no es la estampa cotidiana por esos lares.
Al instante fueron pasando delante de mí los habitantes naturales de la playa: aspirantes a pescadores, jóvenes paseadores de búfalos, amigos cogidos de la mano compartiendo cervezas clandestinas, en definitiva, nadie que me sorprendiera, ni nada que no hubiera visto antes en India. Una sonrisa mía, y un leve saludo con la cabeza, me bastaron para ser aceptada como miembro de tan heterogénea comunidad playera.

Lalita, acompañada por su prima, se acercó a mí con la firme intención de venderme sarongs “de seda”, bangles y tobilleras “de plata”. Cuando mirándoles a los ojos y sonriendo les dije que prefería sentarme con ellas para hablar entre mujeres, aunque por supuesto les compraría, supe que ya tenía mi grupo de amigas en Goa.

Lalita tenía entonces veinticuatro años, cuatro hijos y un marido pescador cuya ocupación habitual era la de tomar cervezas indolentemente en la playa con sus compañeros, mientras ella, como tantas otras mujeres en India, alimentan, visten y sacan adelante la familia con una dignidad apabullantes.
Lalita fue casada a los diecisiete años en su Maharastra natal. Desde su boda, jamás volvió a ver a su madre y sus siete hermanas.
Lalita, su marido, sus cuatro hijos, su prima, y la familia de ésta (tres hijos pequeños) vivían en la playa, en una pequeña chabola de lata y plásticos, situada entre dos hoteles de lujo.

Lalita siempre sonríe y se sentía afortunada porque sus cuatro hijos (el mayor de siete años, y el pequeño de dos) estaban escolarizados en la escuela primaria estatal, donde les proveían de uniformes y material escolar, una bicicleta para poder acudir a clase y una comida completa al día, por lo que ella sólo tenía que preocuparse de poderles dar una taza de té por la mañana y por la noche y, en ocasiones, un plátano extra en su dieta.

Lalita y yo hablamos de todo, en ese lenguaje universal que tenemos las mujeres cuando hablamos con el corazón. Le expliqué cómo era mi vida de mujer sola en Europa, cómo era mi familia. Hablamos de moda, de maquillaje, de cine, de hombres.
Reímos mucho y nos llamábamos hermanas entre nosotras.

Lalita es mujer y no pertenece a casta alguna. Es una Dalit, una paria, una intocable, pese a que la India Constitucional de hoy reconozca nominalmente la igualdad de todos los ciudadanos.

Lalita en la playa de Benaulim, Goa

Lalita me dijo que quería venirse conmigo a Europa. O si no, que me llevara conmigo al pequeño de sus hijos. Le dije que estaría dispuesta a traerla a ella y a su hijo pequeño conmigo, si conseguía el preceptivo visado, a lo que le ayudaría tanto como pudiera.
Le expliqué que en Europa ella podría hacer lo que ella quisiera: podría estudiar, podría trabajar, ir a la Universidad, ser médico, abogado, arquitecto, enfermera, actriz, cantante, lo que ella deseara…
Se quedó pensando un rato, con esos ojos negros tan llenos de luz, y a los pocos minutos me respondió absolutamente convencida que no, que ella sólo quería venirse conmigo, con su hermana mayor, y ser feliz trabajando en casa y cocinando para todos.

Su respuesta fue una revelación para mí, una de las mayores lecciones de humildad que he recibido en mi vida, pues sin querer le había planteado una pregunta bajo premisas absolutamente colonialistas: Occidente queriendo imponer sus criterios a Oriente.

¿Es que yo, que he sido libre desde la cuna para elegir lo que he querido hacer con mi vida, que el ser mujer no me ha supuesto pérdida de libertad o derechos, que he tenido acceso a una educación libre y gratuita, que he tenido una completa asistencia sanitaria, soy más y mejor mujer que Lalita?

¿Es que nuestros niños, hijos de Occidente, son más felices que los hijos de Lalita, que viven libres de convenciones, rodeados de amor, y que se sienten parte orgullosa de su grupo social?

¿Es que puedo plantear a otra mujer una elección partiendo sólo de que mi forma de ver la feminidad y el feminismo es la única válida?

¿Cómo podría juzgar a una mujer que me da una respuesta que lleva implícita siglos de convencimiento y de enseñanzas?

¿Soy yo más libre y más feliz que Lalita?

No, no lo soy, en absoluto. De mujer a mujer, ella me enseñó aquel día que la felicidad no está en las suplir las carencias, que superarse no es nada académico, y que la paz de espíritu sólo viene tras aceptar la propia realidad, el propio karma sea el que sea, siendo consecuentes con el mismo ante toda circunstancia.


Sobre la autora:
Belén García-MartínBelén García-Martín viaja cada año a India, casi siempre en solitario, país que ha recorrido de norte a sur, y de este a oeste, para reencontrarse con viejos amigos, hacer otros nuevos, y lo que más le apasiona: sentir, oler, oír, ver, tocar y vivir en hindi… Para más información: [Quiénes somos]

Los hijras, el tercer sexo

No son hombres ni mujeres. Propiamente no son transexuales ni travestis. Tampoco son necesariamente eunucos, ni hermafroditas, ni homosexuales. Más bien se consideran “transgender”. Se llaman hijras, una de las comunidades más desconocidas, controvertidas y estigmatizadas del mundo.

Cuenta la leyenda que, hace más de 20.000 años, el soldado Aravan, hijo de Arjuna, se lamentaba por morir soltero el día antes de librar la gran batalla. Había prometido su sangre a los dioses como ofrenda para la victoria y ninguna mujer deseaba casarse con un hombre que moriría la noche siguiente.
Pero el dios Krishna escuchó el lamento y se transformó en Mohini, una bellísima doncella, para unirse a él.
Al día siguiente Aravan murió, y Krishna lloró por él como una viuda.

Para conmemorar estos hechos, los hijras (también llamados “aravanis” en el sur del país) peregrinan cada abril-mayo a Koovagam, en Tamil Nadu, para celebrar allí su boda con Krishna y honrar al marido muerto, engalanados como novias y como viudas en una colorida fiesta.

Hijras en el festival de Koovagam

La religión hindú destaca por no tener una definición de sexos demasiado clara. Sus dioses a veces son diosas, o viceversa. Incluso a veces se reconoce un “tercer sexo” que ostenta a la vez las cualidades masculinas y femeninas.

Los hijras hacen gala de ese “tercer sexo”. Han formado parte de la vida cotidiana en India desde la antigüedad y han disfrutado del reconocimiento social a lo largo de la historia. Por ejemplo, durante el imperio mogol los hijras ejercían de cuidadoras de los hijos del emperador y consejeras de Estado, tenían amplias propiedades y sirvientes.
Pero con la llegada del imperio británico y sus estrictas normas morales, los hijras fueron condenadas al ostracismo.

Foto por: Michael Foley (Flickr)Sin embargo, su influencia en las clases populares sigue siendo evidente en la actualidad. Se cree que poseen el poder de bendecir o maldecir y de favorecer (o impedir) la fertilidad, por lo que habitualmente son requeridas en el nacimiento de un bebé, una boda, una inauguración… También se acude a ellas para librarse del mal de ojo o para solicitar su influencia antes de una decisión importante.
A cambio, reciben generosas ofrendas en forma de dinero, arroz, saris, azúcar, etc. Todo el mundo tiene especial cuidado con esto, ya que una ofrenda escasa puede resultar en una maldición. Sus poderes mágicos despiertan temor y admiración en una cultura tan supersticiosa.

Actualmente la comunidad hijra se organiza en casas, regentadas por un “nayak” (suele ser el hijra más anciana) que les protege y representa. Allí aprenden y practican el canto, la danza y diversos rituales mágicos; también disfrutan del reconocimiento de las gentes del barrio.

Sin embargo, a los hijras les suele acompañar el estigma de la prostitución, a pesar de que la gran mayoría han renunciado a llevar una vida sexual activa.
Aunque la homosexualidad está en proceso de despenalización (desde 2009), se les discrimina a menudo por considerarlas transexuales. Por ello no es extraño encontrarlas mendigando unas rupias con su particular estilo, altanero, escandaloso, burlón.

Se calcula que hay entre 2 y 4 millones de hijras en toda India. Aunque la mayoría nacieron varones, se refieren a sí mismas en femenino y visten ropas de mujer, sin que ello les otorgue identidad femenina, lo que les diferencia claramente de nuestros paradigmas culturales acerca de la homosexualidad o transexualidad. De hecho, India es el único país del mundo que ha reconocido el género “eunuco” como algo distinto de “masculino” y “femenino” hasta el punto de incorporarlo como opción en el pasaporte (la “E” de Eunuch se ha sumado a las opciones “M” de Male y “F” de Female).

En Occidente se suele hablar de ellas como “eunucos” o “hermafroditas”, dando por hecho una modificación genital que sólo a veces se produce, aunque es cierto que ellas mismas consideran que un verdadero hijra es aquel que está castrado.

Distintas organizaciones, como Sangini Trust o Sangama, luchan por el reconocimiento de sus derechos y su identidad.

 


Sisters on the Streets


Sobre el autor:
DavidDavid Martín es colaborador de Sociedad Geográfica de las Indias. Fascinado por India, sus gentes y su diversidad, David colabora con Sociedad Geográfica de las Indias desde 2008, haciéndolo compatible con su trabajo en organizaciones como Unicef o Amnistía Internacional. Con nosotros ha dirigido la estrategia de comunicación y redes sociales hasta 2011 y actualmente colabora aportando una visión humana, transformadora y comprometida, asegurando que un viaje exclusivo y de alta calidad sea compatible con una experiencia enfocada al descubrimiento y el respeto por las personas y las costumbres locales. Para más información: [Quiénes somos]

Los sadhus

Sadhu en Varanasi

Foto: Álvaro Maldonado, Sociedad Geográfica de las Indias

A diferencia de otras culturas, en India se ha prestado especial atención y veneración a aquellas personas que dedican su vida al conocimiento y la contemplación.
Aquí, en India, son dignos de elogio aquellos y aquellas que son capaces de dejarlo todo para dedicarse en cuerpo y alma a perseguir lo divino, lo eterno, lo perfecto. Por eso los sadhus son tan respetados y admirados.

Desde el origen, el hinduísmo se propagó a través de sus “monjes” errantes, a diferencia de otras religiones estructuradas o poseedoras de iglesias, monasterios, etc. Precisamente este nomadismo y esta falta de organización o estructura fue uno de los elementos que permitió asegurar su permanencia en momentos de invasiones hostiles externas.

Hoy, como norma general, los sadhus dedican su vida a los rituales, la meditación y al yoga. Suelen ser nómadas y peregrinos que van recorriendo el país en busca de lugares sagrados y festivales, y rara vez se establecen mucho tiempo en un mismo sitio. Son vegetarianos estrictos, no beben alcohol, practican la castidad y la renuncia a cualquier tipo de placer material. Son ascetas en el pleno sentido de la palabra y se han despojado de todo lo que tenían, incluyendo su familia, condiciones de casta, etc.

Aunque es muy difícil saberlo, se calculan unos 10 millones de sadhus en todo el país: la inmensa mayoría son hombres.

Hay distintas doctrinas y órdenes, según la divinidad que centre su atención y otras costumbres. Algunos de los “tipos” de sadhus son:

naga sadhuNagas. Suelen tener un aspecto agresivo e imponente. Destacan por su aspecto robusto, por ir prácticamente desnudos (eso significa “naga”) y sus barbas y melenas enmarañadas. También se suelen cubrir de cenizas, como símbolo sagrado de la muerte y la resurrección. En origen eran guerreros que defendían a los hindúes de la invasión musulmana.

Dandis. Son de origen brahman y grandes sabios. Se dedican a la meditación y conocen muy bien las escrituras. Suelen ir ataviados de un “danda”, un cayado de bambú del que no pueden separarse.

Sadhu aghoriAghoris. A diferencia del resto de órdenes sadhus, los aghoris no evitan el contacto con todo lo considerado impuro, sino que lo han convertido en su razón de ser: restos humanos, drogas… Se dice que practican el canibalismo y la magia negra, de hecho es habitual verles con calaveras humanas como recipientes para comer o beber.

Los principios rectores para un sadhu son la renuncia y la disciplina. Han sacrificado toda su vida material, su familia, los placeres de la vida, para dedicarse por completo a la práctica de lo sagrado: el yoga y el control de su propio cuerpo, la meditación, rituales de distinto tipo, penitencias (en algunos casos de lo más excéntrico)…
Por eso el verdadero sadhu es considerado un hombre santo y despierta todo el respeto y la admiración en India, lo que permite que puedan vivir de la limosna.

No obstante, hay excepciones. A veces no son más que vagabundos o personas que malviven en la calle… y en algún caso es posible encontrar a quien encubre otro tipo de propósitos o prácticas bajo la apariencia de “sadhu”, como disfrazarse de atracción turística para conseguir unas rupias.

Podría decirse que a veces encontramos sadhus más expertos en el control del cuerpo y la voluntad ajenas que de las propias.
Así que ante la duda, como norma general, no te fíes de un sadhu que lleve móvil o unas deportivas de marca ;·)

Os recomendamos esta presentación preparada por nuestro compañero y coordinador de viajes Amarjeet Singh:


Sobre el autor:
DavidDavid Martín es colaborador de Sociedad Geográfica de las Indias. Fascinado por India, sus gentes y su diversidad, David colabora con Sociedad Geográfica de las Indias desde 2008, haciéndolo compatible con su trabajo en organizaciones como Unicef o Amnistía Internacional. Con nosotros ha dirigido la estrategia de comunicación y redes sociales hasta 2011 y actualmente colabora aportando una visión humana, transformadora y comprometida, asegurando que un viaje exclusivo y de alta calidad sea compatible con una experiencia enfocada al descubrimiento y el respeto por las personas y las costumbres locales. Para más información: [Quiénes somos]

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