Mi llegada a la India, a Nueva Delhi, fue curiosamente diferente a mi llegada a cualquiera de los otros países donde mi familia y yo hemos vivido antes…
En los otros lugares, todos ellos maravillosos y donde hemos pasado años increíbles, mi aterrizaje estaba lleno de curiosidad, de excitación, de nervios e incertidumbre… pero en ninguno de ellos dejé de sentirme como una extranjera aterrizando por unos años en un país nuevo…

Mi llegada a Delhi fue, por primera vez en 20 años, como llegar a “casa”… eso es lo que sentí durante las primeras horas de nuestra llegada y lo que sigo sintiendo ahora, más de un año después.

Puede parecer absurdo, complicado, incoherente, ¡sí! y seguramente lo será, pero supongo que los sentimientos suelen serlo. Y yo en Delhi sobre todo “siento”. Es el primer verbo que me viene a la cabeza cuando pienso en la India. “Sentir”, más que “hacer”, “trabajar”, “comer”, “visitar” o cualquier otro verbo que pueda describir la cotidianidad de nuestras vidas.

Todo esto no quiere decir que la vida en Delhi sea idílica, metafísica, espiritual o fácil… nada más lejos de la realidad. Simplemente creo que este es un lugar donde se puede, se debe, “sentir la vida” más que simplemente vivirla… Quizás sea porque en la India ¡todo es intenso!

Globos en The Gate of India (Delhi). Foto por Captain Suresh.

Foto: Captain Suresh (Flickr)

Mis primeras horas en Delhi, el camino del aeropuerto al apartamento que habíamos alquilado, fueron más locas e intensas de lo que nunca hubiera podido imaginar. Y eso para mí, personalmente, es el mejor comienzo de una larga aventura…
Delhi me saturó los sentidos de colores radiantes, de olores desconocidos, de ruidos ensordecedores, de imágenes únicas e imposibles… Todo a la vez, todo en unas horas, todo posible y todo imposible, todo nuevo y a la vez inconscientemente conocido.
Delhi es el paraíso de los sentidos, de todos ellos por separado y de todos ellos a la vez… es como tener mil mundos dentro de uno y poderlos contemplar todos en la misma pantalla dividida en pequeños compartimientos…
La sola idea de que esos sentimientos no fueran sólo el espejismo de unas primeras horas de excitación, de nervios, de falta de sueño y de cansancio, sino el adelanto de lo que serían mis próximos años en Delhi, hicieron que por primera vez mi conciencia de extranjera llegando a un país nuevo, desapareciera y me sintiera sumergida en un mundo donde todo es posible.

He de reconocer que mis primeras impresiones, mis primeros sentimientos se reafirman cada día, mezclados todos ellos con una rutina de vida parecida a la de tanta gente en tantos lugares: trabajar, ocuparme de la casa, de las compras, de los niños y sus deberes, de las reuniones en el colegio y de las salidas con amigos… Pero toda esta cotidianidad en Delhi es “especial”, sólo hay que estar atento y cada día, cada minuto dejarse llevar y disfrutar de todo lo nuevo que nos ofrece, sus mujeres vestidas con maravillosos saris paseando por cualquiera de sus calles, sus “tuc-tuc” esquivando a velocidades de vértigo el tráfico rocambolesco, la gente viviendo en sus calles, ajenas a todo lo demás, el lenguaje cifrado de las bocinas de sus miles de coches, las posturas imposibles de los trabajadores del metro mientras duermen la siesta en los cimientos de alguna construcción que nunca se termina, las guirnaldas de azahar que te venden en todos lados, las entradas de sus templos coloreadas con miles de flores naranjas y amarillas…

Postal de Delhi. Foto: profas_vln (Flickr)

Foto: 'profas_vln' (Flickr)

La India puede enloquecer a la gente, es verdad. La India puede desconcertar al viajero, es verdad. La India puede sorprender a sus propios habitantes, es verdad. Pero lo que nunca hará la India será dejarte indiferente…

Este es mi primer artículo en este blog. Intentaré, a partir de ahora, haceros vivir a través de mis ojos la India “del día a día”, intentaré que veáis lo que yo veo desde la ventanilla de mi coche cuando voy a dejar a mis hijos al colegio, que sepáis qué compro o qué comemos, qué hacen mis hijos para divertirse con sus amigos o las películas que son éxito de taquilla en sus cines, qué música escuchan los adolescentes aquí o cómo es un Diwali en familia (equivalente a la Navidad para los hindúes), qué personas me han impresionado profundamente al conocerlas, cómo fue nuestra primera invitación a casa de nuestros vecinos indios, cómo afecta y cómo viven el matrimonio “concertado” mis amigas indias, de qué hablan las chicas cuando se quedan solas sin hombres delante, qué es lo que no debe hacer una mujer al saludar o qué posturas hay que evitar al sentarse porque pueden ser ofensivas, cómo somos percibidos los extranjeros en nuestras relaciones cotidianas, o cómo es mi barrio y hasta la odisea de encontrar una casa.
En definitiva, esas pequeñas cosas que puedan haceros descubrir una nueva forma de percibir la India.

Así que preparaos para vaciar vuestra mente de ideas preconcebidas o de parámetros “occidentales” con los que medir, porque aquí no hay medida ni parámetros que valgan. Aquí hay que empezar de cero y dejarse llevar para poder disfrutar, muchas veces sin comprender, las mil contradicciones de la cultura ¡más antigua del mundo!

Por todo esto, sólo me queda deciros…
¡¡Bienvenidos todos y todas a vivir conmigo en la India!!


Sobre la autora:
María JoséMaría José Morales y su familia viven en India desde 2009. Suele decir que lleva 20 años aprendiendo y que le encanta hacerlo. En este blog ofrece su particular forma de ver las cosas desde dentro, como mujer, española, trabajadora y madre de 3 hijos deseando y dispuesta a hacer de India su nuevo hogar. Para más información: [Quiénes somos]

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