Entradas con la etiqueta ‘imperio mogol’
Historia comparada: El Imperio Mogol vs. Renacimiento, Barroco e Ilustración
¿Sabías que la construcción del Taj Mahal coincide con el momento en que Velázquez pintaba ‘Las Meninas’? Sigue nuestra serie de historia comparada, ahora centrándonos en el Imperio Mogol, que reinó buena parte de India durante los siglos XVI y XVII. Son los años del Renacimiento, el Barroco y la Ilustración en Occidente.
El imperio musulmán más importante fue el imperio mogol (forma ario-india de ‘mongol’), el único que, junto a los imperios Maurya y Gupta, constituyó un gobierno unificado sobre buena parte de India. Durante los siglos XVI y XVII los emperadores mogoles desarrollaron una forma de gobierno centralizada y estable, que sirvió de modelo para posteriores gobernantes indios.
A Babur, el primer emperador mogol, le sucedió su hijo Humayun (1530-1556), nacido en Kabul, que gobernó sobre Bengala y Bihar, y en 1540 tuvo que enfrentarse a sus hermanos, que lograron arrebatarle el trono, debiendo Humayun refugiarse en Persia, cuyo Shah le ayudó a recuperar su trono. Murió en un accidente en 1555 y le sucedió su hijo Akbar. En 1570 su viuda, Hamida Banu, ordenó el comienzo de las obras de la tumba de Humayun, la primera tumba jardín de India, inspiración para otros grandes monumentos funerarios, el más importante de todos ellos el Taj-Mahal. La tumba de Humayun es uno de los grandes atractivos de ciudad de Delhi.
El reinado de Akbar el Grande (1562-1605) constituyó una etapa de extraordinaria brillantez, militar y culturalmente. Consagró su política a la construcción del gran estado que llegó a ser la India mogol. Su incansable campaña expansionista se desarrolló militar y diplomáticamente. La anexión del Rajastán supuso el verdadero eje de la realización del deseo de Akbar de unir las dos grandes comunidades religiosas indias, musulmana e hindú, en un único estado, ya que esta región se consideraba el centro del auténtico espíritu hinduísta y sus príncipes se consideraban abanderados del mismo. Militarmente, la anexión del Rajastán dejaba libre el camino a Akbar para el avance hacia el sur. Akbar logró la anexión por vía diplomática: se casó con una princesa hindú rajastaní e involucró a los príncipes de la región en la gestión del imperio. Durante el siglo siguiente los ejércitos rajastaníes estarán al servicio de los emperadores mogoles, que supieron utilizar inteligentemente sus cualidades de gobernantes y administradores.
En 1573 Akbar se anexiona el Gujarat y al fin la conquista de Bengala en 1576 culmina el control mogol sobre la mitad norte de India. Posteriormente las conquistas de Cachemira (1586), Multan (1591), Kandahar y Beluchistán (1595) le permitieron mirar de nuevo hacia el sur. Los resultados no fueron enteramente positivos, aunque en 1600 logró la anexión de los sultanatos de Ahmadnagar, Candes y luego los de Berar, Bidar, Bijapun y Golkunda, estableciendo un régimen de amplia autonomía en que los príncipes acataban la autoridad superior del emperador.
Bajo el reinado de Akbar la cultura indo-islámica alcanzó un alto grado de tolerancia y armonía y florecieron el pensamiento, la investigación y las artes. Su espíritu abierto y tolerante hizo que en su corte conviviesen plácidamente nobles hindúes y musulmanes y que él mismo contrajese matrimonio con una princesa hindú y otra cristiana, además de dos musulmanas. El palacio de Akbar en Fatehpur Sikri fue visitado por numerosos líderes de todas las religiones, a los que el emperador invitaba a debatir sobre asuntos religiosos. Incluso intentó fundar una nueva religión, Din-e-Ilahi, amalgama de hinduísmo y fe musulmana.
A Akbar le sucedió Jahangir, hijo de su esposa hindú, un emperador sensible y benevolente, pero no menos indolente, cuyo reinado estuvo signado por la influencia de los familiares de su esposa, la princesa persa Nur Jahan. A su muerte le sucedió su hijo Shahjahn (1628-1658), que continuó la política de reforzamiento del poder central, aunque tuvo que afrontar la rebeldía de los estados del Deccan, siempre inclinados a desligarse del imperio. Sus incesantes campañas suponían una sangría para el erario público, que Shahjahan trató de enjugar mediante onerosas recaudaciones fiscales, lo que tuvo efectos desastrosos para la economía. En lo religioso, se apartó del tolerante eclecticismo de Akbar, lo que originó enfrentamientos entre musulmanes e hindúes. Se acentuó el carácter islámico, se construyeron nuevas mezquitas en tanto que los templos hindúes más recientes fueron destruídos y se impidió la construcción de otros. Los conflictos religiosos se fusionaron con los políticos y desempeñaron un papel sustancial en la lucha por la sucesión entre los hijos de Shahjahn. El candidato del emperador era Dara Shikoh, gobernador del Punjab, heredero de la posición de tolerancia y respeto de su abuelo Akbar, lo que suscitó el rechazo de los musulmanes más ortodoxos, que se inclinaban por su hermano Aurangzeb, sunnita integrista y perseguidor del hinduísmo. Carente de escrúpulos morales, Aurangzeb subió al trono asesinando a sus tres hermanos y encerrando a su padre, Shahjahn, en la fortaleza de Agra hasta su muerte.
Si en general en el terreno artístico los reinados de los emperadores mogoles fueron memorables, el de Shahjahn fue sin duda esplendoroso. La unión del estilo hindú, de líneas rectas y sobrias, con las curvas, los arcos y la profusa decoración islámica produjo sus mejores resultados en este reinado: bellos edificios recubiertos d azulejos en Lahore, hermosas construcciones de mármol en Agra, su fortaleza, y sobre todo las tres grandes obras arquitectónicas de Shahjahn: el Fuerte Rojo y la mezquita de Jemá-al-Mashid, en Delhi, y el Taj Mahal, en Agra, esa ofrenda de amor en mármol blanco erigida como monumento funerario de su esposa, la princesa persa Mumtaz Mahal, muerta durante una de las campañas del emperador al dar a luz a su décimocuarto hijo. Constituye uno de los monumentos más representativos de India y está declarado por la UNESCO Patrimonio Mundial de la Humanidad.
Tras ascender al trono Aurangzeb extendió su imperio sobre toda India a excepción del extremo sur. A lo largo de su reinado hubo de resistir el acoso de los sijs, cada vez más poderosos en Punjab, de los Pathans en Afganistán y de los poderosos Maratha de Maharashtra. Por lo demás, su ferviente islamismo derivado en auténtico fundamentalismo –llegó a prohibir la música en la corte, abolió las ceremonias y persiguió a los sijs- le enajenó la adhesión de su pueblo, mayoritariamente hindú. Todo esto unido a la pesada burocracia y al desgaste de las continuas campañas ponía en evidencia el comienzo de un declive que ya no se detendría. Los sucesores de Aurangzeb, el último de los grandes mogoles, tuvieron reinados breves y se vieron obligados a firmar la paz con el ejército Maratha. El poder Maratha fue el que más se aproximó a las pretensiones de un imperio, aunque nunca se acercara a las dimensiones del imperio mogol.
En 1739 Nadir Shah de Persia atacó Delhi y realizó numerosos saqueos, lo que aún debilitó más el poder mogol. A partir de estos años los emperadores mogoles sólo son sombras del antiguo poder, marionetas al servicio de los intereses británicos, representados por la Compañía de las Indias Orientales, que en 1803 depusieron al último emperador mogol, Bahadur Sha, al que se permitió mantener su palacio y sus riquezas hasta que tras el levantamiento de los cipayos en 1857 fue deportado y la India pasó de la Compañía de las Indias Orientales a la corono británica, lo que acabó con el último resto del largo poder musulmán en India.
El impacto del Islam sobre la cultura india es inestimable. Influyó decisiva y permanentemente en todas las áreas de la actividad humana: lenguaje, vestimenta, cocina, todas las formas del arte, la arquitectura, el diseño urbano, las costumbres y los valores sociales. A su vez, las lenguas de los conquistadores musulmanes se modificaron por el contacto con las lenguas locales hacia el Urdu, que utiliza la escritura árabe, y el hindi, más coloquial, que emplea la escritura Devnagri. Ambas lenguas siguen formando parte del complejo entramado lingüístico indio.
Mientras en India tenía lugar el surgimiento, esplendor y declive del imperio mogol, en Europa y el próximo Oriente se desarrollaban hechos que darían lugar a la formación definitiva de los nuevos estados y se asistía al descubrimiento de un nuevo continente: el continente americano.
>En 1492 Cristóbal Colón, bajo los auspicios de la corona de Castilla, descubría una tierra a la que los indígenas llamaban Guanahaní (San Salvador). Comenzaba el descubrimiento y conquista del continente Sur americano.
> En 1500 nace en Gante Carlos I de España, que sería también emperador de Austria con el título de Carlos V y cuyas empresas militares extendieron el imperio español a buena parte de Europa y las tierras americanas.
> En plena etapa renacentista, florecen las ciencias, las letras y las artes en toda Europa, se produce la escisión luterana, que puede considerarse consumada hacia 1520.
> En 1524 una expedición francesa descubre el territorio en que más tarde los ingleses instalaron las colonias de Nueva Inglaterra: era el comienzo de los futuros Estados Unidos de Norteamérica; y en 1535 Jacques Cartier descubre Canadá.
> En 1542 San Francisco Javier predica el cristianismo en Goa.
> En 1618 comienza la Guerra de los Treinta Años, largo conflicto que enfrentó a toda Europa y cuyo final con el tratado de Westfalia estableció las fronteras europeas y constituyó el acta de entierro de la hegemonía española, que pasaba a Inglaterra, nueva superpotencia europea y colonial. Se descubre Australia en 1644.
> Tras la “guerra del té” en 1770, en 1775 estalla formalmente la guerra entre las colonias inglesas y la metrópoli y en 1782 llegó el triunfo de los rebeldes americanos y la constitución de los estados Unidos.
> En 1788 George Washington se convierte en su primer presidente y en 1789 estalla en Francia la revolución que acabaría con el antiguo régimen e inauguraría la Edad Contemporánea.
—
Sobre la autora:
Isabel Rodríguez es colaboradora de Sociedad Geográfica de las Indias. Le apasiona viajar y entre sus experiencias el viaje a India se cuenta entre las más impactantes y fascinadoras. Para más información: [Quiénes somos]
Historia comparada: La génesis del Imperio Mogol
Los siglos X a XV estuvieron marcados por la fortaleza islámica y su presenscia tanto en India como en Occidente. Siguiendo con nuestra serie de Historia Comaprada, revisamos la invasión y presencia islámicas en la India entre los siglos X – XV, momento que coincide con el Califato de Córdoba, la Primera Cruzada o el descubrimiento de América.
Con las invasiones musulmanas comienza uno de los períodos decisivos de la historia de India, probablemente el hecho de mayor y más duradero impacto.
La imparable expansión islámica había llegado a Asia Cenral, donde apareció un nuevo poder sólidamente unido bajo el Islam. Este nuevo poder era Khurasan, antigua provincia samaní, que Mahmud de Gozni (900-1020) había convertido en reino independiente reconocido por el califa de Bagdad. En el año 1000 Mahmud lanzó la primera de diecisiete expediciones consecutivas hacia India a través de la frontera afgana, que se resolvieron en victorias contra los reinos indios desunidos. Hacia 1025 Mahmud había saqueado muchas ciudades indias y se había anexionado el Punjab.
Después de Mahmud, Muhammad de Gur sojuzgó toda la llanura indo-gangeática al oeste de Benarés (Varanasi). Sus campañas, iniciadas en 1175, se prolongaron durante treinta años. En 1192 tomó Ajmer y al año siguiente uno de sus generales, Kutb- ub- Din Aybak tomó Varanasi y Delhi, convirtiéndose en primer sultán y fundador de la Dinastía de los Esclavos. En el sultanato de Delhi se sucedieron sultanes turcos y afganos: los Khiljis, los Tughluk y los Lodi. Mientras, Gengis Kan unificaba las tribus mongolas, dando lugar a un imperio que tan decisivo sería en la historia india.
Entre la invasión y conquista de las primeras fuerzas musulmanas y la instauración en India del Imperio Mogol, Occidente y Oriente próximo conocían un tiempo agitado y convulso de luchas feudales, fundación de nuevos reinos, guerras entre los países europeos y contra el avance imparable del nuevo poder musulmán.
En 1071 los turcos seldjúcidas invaden la casi totalidad del Asia Menor bizantina, recuperada en buena parte por el emperador Alejo I Comneno, que firmó un tratado con los turcos. En Francia se inauguraba la dinastía de los Capeto, y en España, tras la proclamación de Córdoba como emirato independiente por Abderramán I y como califato por Abderramán III, los reinos cristianos habían ido haciendo avanzar la reconquista en una lucha de siglos.
En 1152 Federico Barbarroja fue proclamado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y en 1154 Enrique II Plantagenet se alzó con el trono de Inglaterra.
En 1096 la Primera Cruzada inicia una larga serie de guerras en que los cristianos se empeñaron en la reconquista de los Santos Lugares, ocupados en ese momento por los musulmanes.
Los ejércitos de Gengis Khan llevaban a cabo campañas victoriosas en Asia e incursiones en Europa, como las de Rusia y Hungría en 1236 y 1242.
En 1492, con la toma del reino nazarí de Granada, último bastión musulmán en España, termina la Reconquista española. Terminaba la Edad Media, al tiempo que en India estaba a punto de inaugurarse el período de mayor esplendor musulmán: el imperio mogol.
La dinastía de los Esclavos duró hasta 1228. La dinastía siguiente, la Khilji, tuvo como sultán más destacado a Ala-ud-Din (1296-1316), que consolidó India con la conquista del Deccán, pero antes de que finalizara su reinado los mongoles comenzaron a infiltrarse por las fronteras del norte.
El último sultán importante de Delhi, Muhammad Tugluk, se hizo odioso tanto a musulmanes como a hindúes por su crueldad y su fanatismo religioso. Tras su muerte se intensificaron los tumultos y la anarquía. Así, cuando en 1398 el conquistador mongol Tamerlán llevó sus ejércitos hasta India se encontró muy poca resistencia organizada.
Tamerlán destruyó y saqueó Delhi y abandonó India dejando los restos del imperio a Mahmud (1399-1413), el último de la dinastía Tuhgluk. En 1451 Bahlol inaugura la dinastía Lodi, débil e ineficaz, que acabó en 1526, cuando Babur, descendiente de Tamerlán, derrotó al ejército de los Lodi, inaugurando así la etapa más gloriosa de los musulmanes en India: el imperio mogol.
—
Sobre la autora:
Isabel Rodríguez es colaboradora de Sociedad Geográfica de las Indias. Le apasiona viajar y entre sus experiencias el viaje a India se cuenta entre las más impactantes y fascinadoras. Para más información: [Quiénes somos]
Los templos de Khajuraho
Resulta sorprendente pensar que en los años 950 a 1.050, mientras Europa construía sobrias catedrales románicas y languidecía en la Edad Media, en India se construían los templos eróticos más famosos y explícitos del mundo, los templos de Khajuraho.
Los ‘templos del Kamasutra’, como también se les conoce popularmente, han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y conforman un prodigioso conjunto arquitectónico y escultórico.
El emplazamiento de Khajuraho fue la capital de la dinastía Chandela, clan Rajput que gobernó esta zona de India entre el siglo IX y el XIII.
Tras esta dinastía los templos fueron abandonados progresivamente. El olvido, la densa vegetación y la historia fueron ocultándolos con el paso del tiempo. Quizás esto fue lo que les permitió sobrevivir a la destrucción de templos hindúes que llevó a cabo el imperio mogol en otras zonas.
Allí permanecían, ocultos tras la maleza, cuando el capitán británico I.S.Burt los descubrió, en 1838, abriéndose paso entre la vegetación.
A partir de entonces fue el Maharaja Pratap Singh, quien invirtió grandes sumas en recuperar la zona hasta que distintas visitas e investigaciones sobre el lugar llamaron la atención de toda la comunidad nacional e internacional.
El complejo de los templos de Khajuraho conserva 22 de los 80 templos que se ubicaban originalmente. Entre ellos, la mayoría son hindúes, aunque también los hay jainistas. Se divide en tres zonas:
- Zona oeste: Se considera el núcleo más importante de toda la colección de templos, ubicados junto al museo arqueológico. Destaca el templo Kandariya Mahadev, uno de los más espectaculares con más de 30 metros y casi 1.000 estatuas. Sin olvidar el precioso templo Lakshmana, dedicado a Vishnu; el pequeño templo Varaha; el templo Matangesvara, hoy utilizado aún como lugar de culto; Visvanatha, con algunas esculturas perfectamente conservadas…
- Zona este: Son templos de menor tamaño que la zona oeste. Son seis, tres jainistas y tres hindúes.
- Zona sur: Algo alejados del resto del complejo, se encuentran otros dos templos pequeños y menos visitados.
Las esculturas no sólo representan motivos eróticos de lo más expresivo, también hay motivos florales, geométricos, animales o representaciones de la vida en la corte.
Hay distintas teorías sobre el motivo por el que los templos se decoraron con posturas sexuales. Hay quien afirma que se trataba de enseñar el Kámasutra a los más jóvenes, para otros, los templos son un homenaje al amor y matrimonio entre Shivá y Párvati, y para otros las esculturas representando a amantes servían de protección, ya que ahuyentaban a los malos espíritus y las tormentas elécticas en época de monzones.
Si no puedes ver el video correctamente, pulsa aquí.
Khajuraho, situada en el estado de Madhya Pradesh, es hoy una ciudad de apenas 10.000 o 15.000 habitantes que vive en buena parte volcada al turismo, gracias a la atracción de estos maravillosos templos, únicos en el mundo.
—
Sobre el autor:
David Martín es Responsable de Comunicación y Community Manager de Sociedad Geográfica de las Indias. Como responsable editorial, intenta acercarnos a India un poco más cada día. Para más información: [Quiénes somos]
Fatehpur Sikri, la ciudad fantasma
A mediados del siglo XVI, Akbar el Grande se había propuesto edificar una nueva ciudad para su creciente imperio. Como marcan los cánones, consultó a los profetas, astrólogos y sabios de su corte y le señalaron el lugar y el momento preciso en que debían comenzar las obras.
El lugar elegido era Sikri, un entorno no muy frondoso a 38 kilómetros de Agra, la ciudad del Taj Mahal (todavía no construido). Unos pocos años después, tras la victoria contra Gujarat, se le añadió el prefijo de Fatehpur. Fatehpur Sikri, “la Ciudad de la Victoria”.
Era una obra monumental. Para la construcción de la ciudad, concebida con el propósito de albergar la capital del Imperio Mogol, no escatimaron esfuerzos. Debía ser una demostración del poder del emperador y su séquito, una ciudad autosuficiente y con todos los servicios necesarios. Con sus murallas, su mezquita y su palacio imperial, su estanque artificial en el centro, con sus templos, sus zonas administrativas y puntos de encuentro para los habitantes.
En 1585, en pleno apogeo del lugar, el viajero inglés Ralph Fitch escribía en su diario que esta ciudad era considerablemente mayor que Londres, y más poblada.
Sin embargo, algo falló. Nadie había tenido en cuenta las fuertes sequías periódicas que asolan la zona. Y no se halló la forma de llevar agua a tan imponente emplazamiento.
Fue abandonada solamente 17 años después de haberla acabado.
Y así quedó, como un caprichoso lujo abandonado a su suerte, una ciudad fantasma.
Los sucesivos saqueos desvalijaron sus tesoros, pero quedó su estructura intacta, como un magnífico esqueleto del esplendor imperial.
El lugar hoy bien parece un escenario de película de aventuras. Su belleza es extraña, muda, como embrujada.
La entrada (llamada Bulland Darwaza) es toda una declaración de intenciones, con su pórtico de 50 metros de altura y la escalinata de acceso (actualmente llena de vendedores ambulantes que asaltan al turista). Vista desde abajo, antes de empezar a subir, es realmente impresionante.
Una vez dentro llaman la atención los espacios abiertos, los patios, plazas y calles concebidas con amplitud, como para alojar grandes eventos y grandes flujos de ejércitos, personas o mercancías.
También el color, de arenisca roja, de todas las construcciones y los motivos arquitectónicos que lo adornan, relieves o columnas con decoradas ménsulas, cúpulas sobre torrecillas abiertas como terrazas.
Debía ser impresionante ver esta ciudad “vestida” con estandartes, coloridas telas y sedas al viento, lienzos, celosías y antorchas.
El Palacio Imperial está formado por varios pabellones unidos entre sí, como por ejemplo el “Pabellón de las Mujeres” (Panch Mahal), con sus 5 plantas en forma de pirámide escalonada, o las Salas de Audiencias (la pública: Diwan-i-Am y la privada: Diwan-i-Khas), reservadas a las reuniones del emperador.
También es destacable la Mezquita, que alberga el único edificio construido en mármol blanco, destacando sobre la tónica general: allí está enterrado el hombre santo de confianza de Akbar, Salim Chistie, motivo por el cual el lugar es centro de peregrinación.
Fatehpur Sikri es hoy una localidad de casi 40.000 habitantes. El entorno de la ciudad antigua es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es todo un museo al aire libre y una visita muy recomendable; una parada perfecta para amenizar los trayectos entre Jaipur y Agra.
- Más fotos de Fatehpur Sikri en nuestra galería.
—
Sobre el autor:
David Martín es Responsable de Comunicación y Community Manager de Sociedad Geográfica de las Indias. Como responsable editorial, intenta acercarnos a India un poco más cada día. Para más información: [Quiénes somos]
Akbar, el Grande
Érase una vez, hace muchos muchos años, había un emperador de sólo 13 años que sería llamado a convertirse en el más importante de la India en la época musulmana.
La vida de Akbar el Grande coincide con las habituales en las leyendas y los cuentos. Él fue el tercer emperador de la dinastía Mogol, sucesor de Humayun en 1556.
Son los años de los emperadores fabulosos en aquel lugar de la Tierra que hoy se nos cuentan con fantasía y ensueño. Ciudades pobladas con princesas bellísimas y enjoyadas con rubíes y esmeraldas, gobernadores despóticos capaces de resolver los problemas de Estado con crueldad extrema. Guerras fratricidas. Palacios dotados de caprichos extravagantes, construcciones delirantes decoradas con elefantes engalanados, pavos reales o pájaros exóticos.
Jalaluddin Muhammad Akbar nació en Umarkot (hoy Pakistán) en 1542, descendiente nada menos que de las estirpes de Tamerlán y Gengis Kan.
Eran tiempos turbulentos, con un Imperio Mogol débil, decadente y apenas desarrollado. La vida de Akbar no fue fácil, dedicada a la guerra y a la expansión de un imperio que llegó a ser uno de los más grandes de su era, extendiéndose desde la actual Afganistán hasta Bengala y desde las cumbres del Himalaya hasta Mumbai.
Eran también los años de las batallas épicas y sangrientas, como la que protagonizó en Chittorgarh, un inexpugnable castillo que consiguió someter construyendo colinas de barro y rocas artificiales para franquear las murallas.

Pero en la Historia, Akbar no es recordado por sus méritos militares, sino sobre todo por su capacidad de desarrollar un sistema administrativo y de gobierno ejemplar que mantuvo unido un gran imperio, favoreció la economía, la prosperidad de todos los estratos sociales y el comercio. También por su carácter conciliador entre dos religiones y culturas que se enfrentaban en lo más cotidiano: la musulmana y la hindú. No sólo se casó con una mujer de origen rajput (Jodha Bai, procedente del esplendoroso Amber) sino que permitió que las prácticas e influencias hindúes entraran en su palacio, lo que le supuso vencer no pocas resistencias internas. También se atrevió a cancelar el tradicional impuesto mogol sobre las cosechas y los negocios hindúes, algo que provocaba las iras del pueblo.
Su apertura de mente y su capacidad de presentar su gobierno de forma amable para los hindúes ha sido siempre considerada una de sus principales virtudes políticas. Sobre todo teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de las personas que vivían en sus dominios eran hindúes.
A pesar de ser analfabeto, Akbar supo rodearse de hombres sabios y convirtió su corte en un gran centro de culto a las artes y las letras. Es conocido su interés por la pintura y la escritura; en sus años se realizaron importantes traducciones del sánscrito al persa y viceversa.
Akbar entabló relaciones diplomáticas con el Imperio Portugués, que por entonces se establecía en los alrededores de Goa y reconocía la superioridad militar de los mogoles.
En los últimos años de su vida, y tras prolongados trabajos de debate con responsables de distintas religiones, llegó a fundar una nueva religión (llamada “din-i-ilahi”, “La Fé Divina”) que asimilaba Islam e hinduismo, aunque estaba demasiado centrada en su persona y no prosperó tras su muerte.
Fue Akbar quien ordenó trasladar la capital del imperio a Fatehpur Sikri, cerca de Agra. Un emplazamiento que se convirtió en inviable por falta de agua y tuvo que ser abandonado casi sin uso, pero que hoy nos permite visitar una sorprendente ciudad fantasma.
Akbar murió en 1605, con 63 años. Hoy está enterrado en el precioso mausoleo de Sikandra, en Agra.
—
Sobre el autor:
David Martín es Responsable de Comunicación y Community Manager de Sociedad Geográfica de las Indias. Como responsable editorial, intenta acercarnos a India un poco más cada día. Para más información: [Quiénes somos]
La antigua Ruta de las Indias
Las historias y leyendas de Simbad el Marino o Marco Polo nos hablan puertos exóticos, comerciantes de extrañas lenguas y barcos que regresan repletos de canela, anís, jengibre, clavo o perejil. Son cuentos que hacen soñar con el lejano oriente, con noches estrelladas de olores intensos, con bandidos y piratas, islas sin nombre, tribus extrañas; aventuras e historias contadas a la luz de las velas.
Imaginemos el mundo cuando no había trenes o aviones. Cuando todo el comercio se realizaba en barcos y en magníficas caravanas que cruzaban enormes extensiones, a veces entre continentes.
Así era la Ruta de las Especias, que desde el siglo VII, gracias a los intermediarios árabes, permitió descubrir productos exóticos para los paladares europeos. De hecho, se suele decir que fue gracias a las especias que India y Europa se encontraron, lo que dio paso a un fructífero comercio de todo tipo.
La ruta de las Especias.

Todo empezaba en las Indias Orientales, en Ceilán, Sumatra o Java, donde se recolectaba clavo, pimienta o nuez moscada y se transportaban hasta la bahía de Bengala.
La ruta atravesaba India o la bordeaba hasta el oeste, nutriéndose de nuevos ingredientes, hasta las costas de Kerala, donde mercaderes árabes iniciaban la ruta hacia occidente.
El camino desde aquí se realizaba al principio en barcos que atravesaban el Océano Índico. Antes de llegar a los puertos del Mediterráneo la ruta seguía dos caminos: uno que llegaba Damasco o Constantinopla, a través del Golfo Pérsico; y otra cruzando el Mar Rojo para llegar a Egipto cruzando el Nilo. Y después en barco, hasta los puertos romanos primero y hasta Venecia o Génova después.
Sin embargo, tras la invasión musulmana del Indostán y la unificación de toda la zona con la llegada del Imperio Mogol, se desarrollaron rutas de caravanas que sustituyeron en parte estas rutas marítimas y podían viajar por tierra con más seguridad, lo que desplazó la ruta por otros centro de interés en Rajastán.
Una vez establecida la ruta, ya no fueron solo especias sino todo tipo de mercancías las que circulaban por los mismos caminos, más desarrollados, vigilados y seguros. Es fascinante imaginar estos caminos, compartidos por mercaderes de muchos países y procedencias…
Video: La Ruta de las Especias. Documental del canal Odisea (54 min)
El oro de India.
La Ruta de las Especias marcó el desarrollo de toda la región durante la Edad Media. Fue determinante para la prosperidad de ciudades y la conversión de pequeños emplazamientos en grandes urbes, y también condicionó la ubicación de determinados puntos estratégicos y bastiones que defendieran el comercio de guerras, piratas y bandidos o enfrentamientos regionales.

Es posible ver los vestigios de estas transacciones en el sur: Cochín, Munnar, Periyar, Thekkady, Madurai, Tanjore, Chennai… Y en el norte: Jaisalmer, Jodhpur, Udaipur, Jaipur, Srinagar. Todos ellos, verdaderos museos vivos.
Su propio nombre, del latín “species”, significa “básico” o “esencial”. No sólo condimentan y transforman los sabores en la cocina, también sirven para la conservación de alimentos, para elaborar aromas y perfumes o para su aplicación en la medicina tradicional. Y todo ello sin olvidar sus usos afrodisíacos, místicos o sagrados. No en vano las especias eran llamadas “el oro de India”.
La búsqueda del otro ‘Dorado’.
No es de extrañar entonces que el comercio de especias fuera el motor de grandes acontecimientos de la historia.
Por ejemplo, con la expansión turca y el bloqueo de importantes puertos y ciudades esenciales para el comercio entre oriente y occidente y la proliferación de piratas en el Mediterráneo, países como Portugal, Castilla o Aragón se propusieron la apertura de nuevas rutas comerciales. Es el viaje de Vasco da Gama en 1498, bordeando África para llegar hasta Calcuta y regresar con un preciado cargamento de especias y sustanciosos acuerdos comerciales que iniciaron la colonización.
Como bien es sabido, condicionó el viaje de Cristóbal Colón para intentar llegar a las Indias por occidente. Y por qué no hablar de Magallanes o Elcano, precursores de la ruta que unía Castilla con Filipinas y las llamadas “Islas de las Especias”, las actuales Islas Molucas.
Podríamos seguir hablando de la Compañía de las Indias Orientales, tanto la holandesa como la británica, en las cuales las especias tuvieron un papel protagonista.
Pero esa, queridos amigos y amigas, ya es otra historia.
—
Sobre el autor:
David Martín es Responsable de Comunicación y Community Manager de Sociedad Geográfica de las Indias. Como responsable editorial, intenta acercarnos a India un poco más cada día. Para más información: [Quiénes somos]
Los hijras, el tercer sexo
No son hombres ni mujeres. Propiamente no son transexuales ni travestis. Tampoco son necesariamente eunucos, ni hermafroditas, ni homosexuales. Más bien se consideran “transgender”. Se llaman hijras, una de las comunidades más desconocidas, controvertidas y estigmatizadas del mundo.
Cuenta la leyenda que, hace más de 20.000 años, el soldado Aravan, hijo de Arjuna, se lamentaba por morir soltero el día antes de librar la gran batalla. Había prometido su sangre a los dioses como ofrenda para la victoria y ninguna mujer deseaba casarse con un hombre que moriría la noche siguiente.
Pero el dios Krishna escuchó el lamento y se transformó en Mohini, una bellísima doncella, para unirse a él.
Al día siguiente Aravan murió, y Krishna lloró por él como una viuda.
Para conmemorar estos hechos, los hijras (también llamados “aravanis” en el sur del país) peregrinan cada abril-mayo a Koovagam, en Tamil Nadu, para celebrar allí su boda con Krishna y honrar al marido muerto, engalanados como novias y como viudas en una colorida fiesta.
La religión hindú destaca por no tener una definición de sexos demasiado clara. Sus dioses a veces son diosas, o viceversa. Incluso a veces se reconoce un “tercer sexo” que ostenta a la vez las cualidades masculinas y femeninas.
Los hijras hacen gala de ese “tercer sexo”. Han formado parte de la vida cotidiana en India desde la antigüedad y han disfrutado del reconocimiento social a lo largo de la historia. Por ejemplo, durante el imperio mogol los hijras ejercían de cuidadoras de los hijos del emperador y consejeras de Estado, tenían amplias propiedades y sirvientes.
Pero con la llegada del imperio británico y sus estrictas normas morales, los hijras fueron condenadas al ostracismo.
Sin embargo, su influencia en las clases populares sigue siendo evidente en la actualidad. Se cree que poseen el poder de bendecir o maldecir y de favorecer (o impedir) la fertilidad, por lo que habitualmente son requeridas en el nacimiento de un bebé, una boda, una inauguración… También se acude a ellas para librarse del mal de ojo o para solicitar su influencia antes de una decisión importante.
A cambio, reciben generosas ofrendas en forma de dinero, arroz, saris, azúcar, etc. Todo el mundo tiene especial cuidado con esto, ya que una ofrenda escasa puede resultar en una maldición. Sus poderes mágicos despiertan temor y admiración en una cultura tan supersticiosa.
Actualmente la comunidad hijra se organiza en casas, regentadas por un “nayak” (suele ser el hijra más anciana) que les protege y representa. Allí aprenden y practican el canto, la danza y diversos rituales mágicos; también disfrutan del reconocimiento de las gentes del barrio.
Sin embargo, a los hijras les suele acompañar el estigma de la prostitución, a pesar de que la gran mayoría han renunciado a llevar una vida sexual activa.
Aunque la homosexualidad está en proceso de despenalización (desde 2009), se les discrimina a menudo por considerarlas transexuales. Por ello no es extraño encontrarlas mendigando unas rupias con su particular estilo, altanero, escandaloso, burlón.
Se calcula que hay entre 2 y 4 millones de hijras en toda India. Aunque la mayoría nacieron varones, se refieren a sí mismas en femenino y visten ropas de mujer, sin que ello les otorgue identidad femenina, lo que les diferencia claramente de nuestros paradigmas culturales acerca de la homosexualidad o transexualidad. De hecho, India es el único país del mundo que ha reconocido el género “eunuco” como algo distinto de “masculino” y “femenino” hasta el punto de incorporarlo como opción en el pasaporte (la “E” de Eunuch se ha sumado a las opciones “M” de Male y “F” de Female).
En Occidente se suele hablar de ellas como “eunucos” o “hermafroditas”, dando por hecho una modificación genital que sólo a veces se produce, aunque es cierto que ellas mismas consideran que un verdadero hijra es aquel que está castrado.
Distintas organizaciones, como Sangini Trust o Sangama, luchan por el reconocimiento de sus derechos y su identidad.
—
Sobre el autor:
David Martín es Responsable de Comunicación y Community Manager de Sociedad Geográfica de las Indias. Como responsable editorial, intenta acercarnos a India un poco más cada día. Para más información: [Quiénes somos]















